Personas, personajes, figuras, si las hay, y muchos
En esta aldea del norte santafecino, donde el calor azota
En el verano, y ni un tímido charco tenemos para refrescarnos.
El silencio no es absoluto, la jauría nunca cesa, y eso es lo que lo impide. Contrario a la creencia de que por estos lares el silencio y la paz son irrefutables. El cieno que se acumula en las calles oscuras, los días de tremenda, triste y dulce lluvia, es extenuante y poco agradable para cualquiera que habite esta urbe. Esta basta quietud imaginaria, es sosegada, se salva del vértigo que azota a las grandes metrópolis, y que tan raudo sobreviven.
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